miércoles, 20 de agosto de 2025

El Presidente Thomas Sankara

Thomas Sankara: un mito para África

Thomas Sankara con François Miterrand

Cuando era adolescente, recuerdo haber visto en "Jeune Afrique" una secuencia de imágenes sobre el asesinato de Thomas Sankara. El joven Presidente conocido como "el Che Guevara africano" fue asesinado durante un golpe de estado militar, descuartizado y enterrado en una tumba sin nombre. Había sido Comandante de una Academia militar, Secretario de Estado de comunicación, Primer Ministro y Presidente de Alto Volta (Burkina Faso) a los 33 años.

Sus padres querían que fuera sacerdote católico pero al final optó por el ejército, acabó confesando las ideas marxistas, adorado por muchos jóvenes africanos como "el Che Guevara africano" y pidiendo una segunda versión de la Biblia para los pobres porque «Entre les riches et les pauvres, il n’ y a pas la même moral. La Bible, le Coran, ne peuvent pas servir de la même manière celui qui exploite le peuple et celui qui est exploité. Il faudra alors qu’il y ait deux éditions de la Bible, et deux éditions du Coran".

Thomas Sankara: le petit frère

Sus colegas africanos le consideraban el hermano pequeño (petit frère) y los franceses querían controlar su agenda. En una ocasión, una periodista francesa le preguntó al presidente Sankara que qué había ido a hacer en Moscú porque esa visita inquietaba a Francia. Sankara, sentado al lado del todo poderoso Miterrand, con mucha delicadeza contestó que siempre responde a todas las invitaciones y que si no hace más viajes al extranjero es porque no tiene un avión concorde. Entonces el Presidente Mitterrand se levantó con su arrogancia paternalista, se apoyó sobre Sankara y dijo que le iba a dar un consejo sobre las relaciones internacionales. Más prepotencia, imposible.

Thomas Sankara: un buen comunicador

Thomas Sankara fue uno de los mejores oradores de los dirigentes del continente negro. A penas se le veía leyendo los discursos. Y casi siempre entusiasmaba a su público. Es fantástico ver a Sankara animando a los jefes de estados africanos a no pagar la deuda externa: "oye, el que quiera pagar, que coja su avión presidencial y se acerque al despacho del Banco Mundial para ingresar el dinero". Los jefes de estados africanos reunidos en Adis-Abeba (Etiopia) no sabían dónde meterse. Sus segundos aplaudieron con entusiasmo, sobre todo cuando Sankara reclamó dos versiones de la Biblia y del Corán, una versión para los ricos y una versión para los pobres: No puede haber una misma ética para los pobres y para los ricos. La Biblia o el Corán no pueden dirigirse en el mismo lenguaje a un explotador que a un explotado. Sería necesario dos versiones: una versión para los pobres y una versión para los ricos.

Thomas Sankara y la igualdad de género

El joven Sankara promocionó la incorporación de la mujer en los puestos directivos y en el ejército, porque para él no había una diferencia de género sino de oportunidad. De modo que hombres y mujeres debían tener la misma oportunidad para todo. En el día mundial dedicado a la mujer (08 de marzo), obligó a todos los hombres a acudir al mercado para saber cuánto cuesta un kilo de arroz y cómo las mujeres se las ingenian para mantener a sus familias: los hombres se cabrearon, las mujeres disfrutaron.

Sentado en el público que se había reunido en la asamblea popular, Thomas Sankara confesó no entender por qué una estudiante embarazada tenía que abandonar sus estudios: “una estudiante que se queda embarazada se la expulsa del colegio. Pero nadie se molesta en saber si el chico que le ha embarazado no está, por casualidad, en la misma clase. De modo que el chico puede seguir “fabricando niños” hasta que termina sus estudios”. Esto no puede ser así. Como mínimo la chica embarazada tiene que tener la posibilidad de seguir con sus estudios. Por orden presidencial, las niñas embarazadas no debían abandonar sus estudios.

Thomas Sankara y el desarrollo de Burkina Faso

Thomas Sankara quería un mercado africano para consumir lo que se produce en África y, en la medida de lo posible, no vivir de las deudas externas que no hacen más que hipotecar el futuro de los africanos. Los funcionarios debían vestir ropa fabricada por los artesanos de Burkina Faso para colaborar con la economía local.

Es divertido ver cómo Sankara discute con un adolescente que lleva una camisa con letras “Harvard”. El chico le acababa de preguntar al Presidente qué pensaba hacer para luchar contra el imperialismo: “¿Qué quieres que haga? Tú llevas una camisa con la publicidad norteamericana. ¿Tú crees que no tenemos camisas fabricadas en nuestro país y que sean más bonitas que esa?”. El muchacho se quedó sin el habla, que por otra parte es lógico: un adolescente discutiendo con un Presidente, Capitán del ejército, escoltado por sus guardaespaldas militares.

Thomas Sankara vendió los Mercedes de los antiguos dirigentes, quitó los choferes para las autoridades y prohibió a sus ministros viajar en primera clase porque no merece la pena gastar los fondos del pueblos por una copa de champán (el avión despega a la misma hora y llega a la misma, estés o no estés en primera clase).

La política de Sankara de “Une village, un bosque” (un pueblo, un bosque) permitió plantar millones de árboles para luchar contra la desertización del país.

Thomas Sankara: "el Che Guevarra africano"

El Presidente Thomas Sankara decía la verdad (virtud vetada en la política servil) y no se comportaba como sus colegas africanos, auténticos caudillos y saqueadores de los fondos públicos. Sus políticas de consumir preferentemente los productos locales le enemistaron con las multinacionales, y desde luego no era bien visto por la administración francesa y norteamericana. Una vez catalogado como “comunista peligroso” por los gendarmes de la República, su muerte era cuestión de meses. Los ejecutores de las órdenes de arriba pensaron que descuartizando su cuerpo y enterrándole en una tumba anónima desaparecería el hombre y el mito. Y consiguieron que ocupara un lugar preferente entre los mártires del neocolonialismo occidental junto a Patrice Lumumba y Madame Agathe Uwilingiyimana.

RUKARA RWA BISHINGWE

NACIMIENTO DE RUKARA RWA BISHINGWE

Rukara rwa Bishingwe, hijo de Bishingwe y Nyirakavumbi "nyina w’Amavubi" (la madre de avispas), nació en la zona de Burera y llegó a ser Gobernador de la zona de los Abarashi durante el reinado de Yuhi V Musinga en Ruanda. Todas las fuentes orales coinciden en que Rukara era muy fuerte y muy alto (190 cm), muy guapo (Rukara rw’igikundiro) y un buen luchador que llegó a ser jefe militar del Noreste, la región que nunca se sometió completamente al golpista rey Musinga.

RUKARA RWA BISHINGWE

El golpe de estado fue orquestado y ejecutado por una de las esposas del difunto rey, Kanjongera, contra el rey legítimo, Rutarindwa, para imponer su hijo Musinga (1895-1931) que fue coronado como Yuhi V Musinga. La conocida como “malvada y sanguinaria reina madre” asumió el trono durante la minoría de edad de su hijo como Reina Nyirayuhi V Kanjogera. Cuenta la leyenda que Kanjogera tenía un gran cuchillo, Ruhuga y que de vez en cuando para levantarse del trono real desde el que hacía la función de jueza, necesitaba apoyarse sobre Ruhuga, que a su vez, se apoyaba sobre un niño gordo normalmente de etnia hutu. Sus ayudantes sabían que cuando se quejaba de que “Ruhuga ifite inyota” (Ruhuga tiene sed) tenía que morir un niño gordo hutu ("The Queen Mother also had the power to kill. Like Nyirayuhi … Whenever she said that ‘ruhuga is thirsty,’ a healthy baby would be brought in, fed with milk and then put before the Queen Mother, who would then place her sword on the baby’s tummy to support herself as she got up"). Al parecer el único ruandés que no temía a la malvada reina-madre era Rukara rwa Bishingwe que, incluso en una audiencia real no dudó en orinar en la silla en la que se había sentado la reina-madre Kanjongera. Sea verdad o no, lo cierto es que Rukara rwa Bishingwe era valiente, muy orgulloso, arrogante y dispuesto siempre a pelear. Pero sobre todo es considerado por muchos ruandeses como héroe nacional de la época colonial por haberse opuesto al desprecio de los colonizadores blancos hacia los ruandeses.

PELEA ENTRE RUKARA RWA BISHINGWE Y EL P. LOUPIAS

Los historiadores coinciden en que Rukara rwa Bishingwe era Jefe de cuatro batallones militares locales (Abakemba, Uruyenzi, Abemeranzige, Urukandagira) y que mató al misionero francés, el Paulin Loupias (Rodez, Averyron, 31/12/1872) y que fue ejecutado en la ciudad de Ruhengeri. Si el Diario de las Misiones fecha la muerte del P. Loupias en Rwaza (Rubavu) el 01 de abril de 1910, entendemos que Rukara murió bajo la colonización alemana, durante el reinado de Yuhi V Musinga (1895-1931). En esa época, los misioneros se sentían dueños y señores del territorio ruandés y expropiaban terrenos, vacas y demás bienes sin ninguna explicación. Pero el único ruandés que plantó cara a los colonizadores fue Rukara, ostentando el desafortunado título de ser el primer ruandés que mató a dos blancos europeos.

El P. Loupias (apodado con el nombre rwandés de Rugigana) se había citado con Rukara para reconducir algunas fricciones que había entre la población local y los colonizadores. Recordemos que muchos de los misioneros hablaban mejor Swahili que Kinyarwanda porque habían estado más tiempo en Tanzania. Era frecuente que utilizaran palabras swahili pero en una versión más “ruandalizada”. Por ejemplo solían saludar con “yambu” (“jambo” en swahili original, que quiere decir “Hola”). Pero para los ruandeses que no sabían swahili, “yambu” (del verbo “Kwambura”, perder) era uno de los insultos que un padre no podía soportar, ya que “yambu” era desear la muerte de la prole. Por eso ante el “yambu” del P. Loupias, primero Rukara se sorprendió, segundo le hizo saber el significado de “yambu”, pero en lugar de bajar los humos, el misionero se sintió ofendido y le propinó un puñetazo.

Los oradores difieren sobre el motivo del encuentro entre Rukara rwa Bishingue y el P. Loupias aquel día fatídico. Según una de las versiones, Sebuyange, uno de los dirigentes del Norte, había robado las vacas de Rukara, provocando un conflicto regional. El rey Musinga que no gozaba de mucha autoridad en el Norte envió una carta al misionero Loupias que estaba en Zaza (sureste de Ruanda) para ir a mediar entre Rukara y Sebuyange. Conociendo las bravuras de Rukara, el rey pensó acertadamente que si Rukara despreciaba públicamente al misionero francés, la administración colonial mandaría su ejército para controlar todo el Norte de Ruanda (cosa que ocurrió más tarde). El rey se las ingenió para que alguien vendiera una perdiz al misionero para entregarlo a Rukara como obsequio. El P. Loupias desconocía completamente que entregar una perdiz a un jefe militar rwandés era una gran ofensa que siempre terminaba en pelea.

Hay otra versión según la cual los misioneros habían expropiado el terreno de Rukara para poder construir una iglesia (que todavía se encuentra en la zona). Rukara, que era miembro de la secta religiosa de Nyabingi quiso recuperar su terreno por fuerza. El P. Loupias, que tenían autorización real para juzgar a los ruandeses, mandó llamar a Rukara para obligarle a aceptar públicamente la expropiación. Se citaron en Nyabyungo (actualmente, parroquia de Gahunga). Y se produjo el siguiente diálogo que el cantante Joseph Sebatunzi nos reproduce en su cántico de casi 20 minutos:

DIÁLOGO ENTRE RUKARA RWA BISHINGWE Y EL P. LOUPIAS

Loupias: yambu, Rukara

Rukara: ¿Qué quieres decir, señor cura?

Loupias: yambu, Rukara (lo repite por segunda vez)

Rukara: si insistes, yo también te voy a insultar. Yambu es desear perder hijos y yo tengo muchos hijos. A ninguno quiero perder. Si es así, que se mueran también los tuyos.

Loupias: Anasema nini? (Loupias no entendía bien el kinyarwanda. Por eso preguntó a su secretario personal en swahili: “anasema nini” (¿qué quiere decir?).

Secretario: dice que se mueran también tus hijos. “Yambu” es desear la muerte de los hijos.

Loupias: ¿Buscas los problemas, Rukara? (le dice, sorprendido de su atrevimiento).

Rukara: en absoluto. Yo no busco problemas. Pero tú los puedes tener si te metes donde no te llaman. Tu misión es enseñar a los niños, incluso me da igual si enseñas a los mayores. Pero tú no eres ningún juez. Si has sido engañado por tu secretario, vas a tener problemas.

Loupias: tienes malos modales, Rukara.

Rukara: ni me faltan ni me sobran. Soy amigo del rey.

El P. Loupias sorprendió a Rukara con un puñetazo que le tumbó al suelo. Temiendo lo peor, la escolta de Rukara salió corriendo para no tomar parte en el primer asesinato de un blanco en Ruanda. Menos Munuka que viendo que el P. Loupsias estaba estrangulando a Rukara le apartó con empujón, momento que Rukara aprovechó para llegar al cuello del P. Loupias y no lo soltó hasta comprobar que ya no respiraba. Hay una versión que sostiene que es Manuka quien mató al misionero con una lanza, y que como era el siervo de Rukara rwa Bishingwe, éste se autoatribuyó la victoria. Sea como fuere, siguiendo las normas de las peleas en Ruanda, Rukara rwa Bishingue se declaró públicamente vencedor y responsable de la muerte del misionero francés. Sabiendo que los militares alemanes no tardarían en llegar, Rukara huyó hacia la zona controlada por Ndungutse, uno de los jefes del Norte que no obedecían las órdenes reales. Pero Ndungutse, queriendo gozar de la simpatía de los alemanes, traicionó a su amigo. Dicen que cuando Rukara fue sorprendido por los militares alemanes no puso resistencia. Sólo pudo subir su ropa (una especie de roba) para enseñar su culo a Ndungutse y maldecirle: “yo soy culpable de matar al blanco y acepto la ejecución. Pero tú serás ejecutado por bocazas” (efectivamente, días después llegaron los militares alemanes, mataron a Ndungutse y todo el territorio juró lealtad al rey Musinga.

MUERTE DE RUKARA RWA BISHINGWE

En su traslado hacia Ruhengeri, Rukara caminaba entre dos militares alemanes. En un descuido alcanzó la bayoneta de uno de los militares y se lo clavó en el corazón. Atemorizados, los otros militares belgas que iban detrás dispararon contra Rukara, con tan mala puntería que también mataron a su compañero. Así se cumplió el dicho de que Rukara siempre mata por triple (“Intahanabatatu”). Rukara fue colgado en un árbol hasta que vino un médico para certificar su defunción y su cuerpo fue enterrado en secreto, probablemente en la zona de Musanze, cerca de la cárcel provincial de Ruhengeri. Recientemente, los familiares directos de Rukara han acudido a las actuales autoridades para conseguir construir un museo de recuerdo dedicado a Rukara donde se peleó mortalmente con el P. Loupias, y quieren buscar sus restos para enterrarlos dignamente puesto que es considerado por muchos ruandeses como un héroe, aquel que nunca se sometió a la autoridad colonial.

REFERENCIAS SOBRE RUKARA RWA BISHINGWE

http://www.igihe.com/umuco/amateka/rukara-rwa-bishingwe-yari-muntu-ki.html

http://www.umuseke.rw/rukara-rwa-bishingwe-nubusanzwe-ngo-ntiyari-yoroshye/

http://www.kigalitoday.com/spip.php?article14500

https://www.youtube.com/watch?v=8hN_YosXgHY

https://www.facebook.com/radiorwanda/posts/437904453004877

http://www.imirasire.com/amateka-n-umuco/article/menya-amateka-ya-rukara-rwa-bishingwe

http://www.kigalikonnect.com/article/rwanda-amateka-ya-rukara-rwa-bishingwe.html

http://www.therwandan.com/ki/category/amateka/

Full article: Legacies of Kanjogera: women political elites and the transgression of gender norms in Rwanda (tandfonline.com)


martes, 29 de julio de 2025

Dios, ¿estás en Gaza?

En los primeros meses de 1994, la ONU y varios países europeos retiraron sus fuerzas de mantenimiento de la paz en Ruanda. Esta retirada permitió que el genocidio contra los tutsi se prolongara sin oposición durante tres meses. A pesar de que se registraban hasta 10.000 muertes por día, la conciencia europea permaneció impasible. Los ruandeses quedaron completamente desprotegidos ante la violencia: cerca de un millón de personas fueron asesinadas en ese corto tiempo.
El General canadiense Roméo Dallaire, comandante de los cascos azules en Ruanda, relató su experiencia en 2003 bajo el título Shake Hands with the Devil: The Failure of Humanity in Rwanda (J'ai serré la main du diable: la faillite de l'humanité au Rwanda). En ese testimonio estremecedor, denunció la indiferencia internacional ante el genocidio de los tutsi y confirmó que la Humanidad había sido derrotada en Ruanda.
Desgraciadamente, en 2025, la humanidad enfrenta nuevas derrotas morales. En Gaza, niños y bebés mueren de hambre, atrapados en una crisis humanitaria devastadora en la que parecen regocijarse los norteamericanos y hebreos. Los periódicos informan (La historia de la foto de Hedaya y su bebé, una de las imágenes más impactantes de la hambruna en Gaza - BBC News Mundo). La televisión filma y me trae a la mesa cadáveres frescos de niños. La comunidad internacional observa, mientras fuerzas militares israelíes mantienen un bloqueo que impide el acceso a alimentos, agua y medicinas. La historia parece repetirse: vidas inocentes sacrificadas ante la pasividad de la Comunidad Internacional.
El tren de la dignidad occidental parece precipitarse al vacío. Pensé que, tras su vergonzosa parada en Ruanda, había sido reparado. Pero hoy lo veo avanzar, caótico, por Gaza, donde un genocida mata de hambre a bebés mientras Europa confunde la realidad con la ficción.
No va conmigo”, murmuran algunos. “No depende de mí”, se excusan otros. “Yo no puedo hacer nada” se ha convertido en el mantra que arrastra las últimas vergüenzas de los europeos. Y mientras tanto, pareciera que muchos norteamericanos, judíos y árabes buscan más cadáveres infantiles en Gaza para su deleite. ¿Cómo explicar, si no, que su indignación no sacuda la conciencia de sus presidentes?
¿Hay alguien allí? Humanidad, ¿estás allí? Dios, ¿estás allí? Nietzsche proclamó que “Dios ha muerto” para denunciar la pérdida de fe en los valores tradicionales y la moral cristiana. Sartre, en “El existencialismo es un humanismo”, afirmó que la inexistencia de Dios implica que el hombre no tiene una esencia predeterminada, y que es libre de crear su propio significado y moralidad.
Hoy, en la cuna del judaísmo, del cristianismo y del islam, esa libertad que alguna vez prometió redención parece haberse transformado en indiferencia. La moral se desvanece, y el silencio de Dios, una vez más, se vuelve cómplice. Como durante el Holocausto en Alemania, cuando seis millones de judíos fueron exterminados por un régimen que convirtió la burocracia en maquinaria de muerte. Como durante el genocidio armenio, cuando más de un millón y medio de personas fueron deportadas, asesinadas y silenciadas por el Imperio Otomano. Como durante el genocidio de los tutsis en Ruanda, donde en apenas cien días fueron masacradas más de 800.000 almas, mientras el mundo miraba hacia otro lado. Hoy les toca a los gazatíes.
En 2025, los bebés mueren de hambre mientras los convoyes humanitarios son bloqueados. Familias enteras caminan kilómetros bajo fuego cruzado por un saco de harina. La ayuda se convierte en trampa, y el pan, en sentencia de muerte. Y la Humanidad, esa palabra que alguna vez significó esperanza, ni está con ellos ni se espera allí. Hay días en los que uno se avergüenza de pertenecer a la raza humana.

jueves, 10 de julio de 2025

La postmodernidad

A finales de los años noventa del siglo pasado, solía debatir con mi amigo Pierre Kaziri sobre el “carpe diem”, la posmodernidad según el filósofo italiano Gianni Vattimo y el fin de la historia propuesto por el estadounidense Francis Fukuyama. Éramos entonces universitarios en la eternamente bella Salamanca. “Vivir y dejar vivir” parecía ser el lema reivindicativo de algunos compañeros. La principal preocupación de muchos jóvenes era: “¿Con quién salgo de marcha o de botellón este fin de semana?”. Ni siquiera se interesaban por hacer el amor. Beber toda la noche y dormir todo el día era su única aspiración. El resto de los acontecimientos, simplemente, “se la sudaba”.

Nuestros compañeros no se identificaban con Prometeo, aquel que robó el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres. “¿Qué saco yo de esta mierda?” y “¿para cuándo lo mío?” eran sus respuestas ante cualquier propuesta altruista. En los noventa, muchos jóvenes occidentales vivían como si ya no existieran grandes causas que merecieran su entrega. Primero yo, después yo, y por último, yo. Este individualismo radical sigue minando, incluso hoy, a los pueblos menos contaminados por la globalización del individualismo. Hablamos, pues, de la generación posmoderna.

Diversos estudios filosóficos coinciden en una misma conclusión: el hombre posmoderno se burla de Sísifo, aquel condenado por los dioses a empujar eternamente una roca cuesta arriba, solo para verla caer una y otra vez. Así se sentía el europeo de la posguerra: reconstruyendo su casa, su vida y su patria, hasta que algún iluminado de turno lo reducía todo a escombros. Tal vez por eso los posmodernos no juegan a la guerra: no tienen grandes relatos que justifiquen semejante entrega crística. “Que los dioses se queden con su puto fuego, y si Sísifo quiere, que cargue solo con su maldita piedra”.

El posmoderno quiere vivir como el bueno de Narciso: encarnación de la juventud, la felicidad inmediata, la vida a tope. “¿Para qué soñar con futuros vanos y asumir esfuerzos que acabarán en fracasos?”. Dejemos la piedra donde está. Dejemos el fuego a los dioses, que tal vez -con un poco de suerte- se quemen y nos dejen vivir en paz.

Ideas principales de la postmodernidad

El drama de las sociedades occidentales es que la muerte de Dios precipitó la asfixia mortal de la Razón, desapareciendo completamente cualquier referencia fundante que fuera incuestionable y permitiera el equilibrio personal y social. Hoy por hoy vivimos en un mundo fragmentado, arrastrados por las novedades tecnológicas que nacen con fecha de caducidad. Nuestro saludo obligatorio es “¿qué hay de nuevo hoy, viejo?”. Nuestro leitmotiv es que “lo que no caduca no nos interesa”. Es la era de los Smartphone y mensajería instantánea, la era de reflexionar después de actuar. Pareciera que pensar con rigor es un trabajo aburrido propio de los cobardes. Los valientes no piensan ni actúan: sólo sienten el momento presente.

  • La posmodernidad no es una época que se halle después de la modernidad como etapa de la historia. No es un tiempo cronológico ni de la historia ni del pensamiento. Es una condición humana determinada, una filosofía de vida y de estar ante la vida. François Lyotard explica la postmodernidad como “una emancipación de la razón y de la libertad de la influencia ejercida por los grandes relatos, los cuales siendo totalitarios, resultaban nocivos para el ser humano porque buscaban una homogeneización que elimina toda diversidad y pluralidad”.

  • La postmodernidad decretó la muerte de los grandes relatos. Todo empezó con el toque romántico del mayo 68. Más tarde, distintos pensadores empezaron a teorizar sobre los cambios sociales en Occidente. Lyotard certificó la muerte de los grandes relatos en “La condición postmoderna”. Según él, todos los grandes relatos se revelaron como proyectos fallidos y perdieron su credibilidad debido a que ninguno de ellos consiguió cumplir lo que prometía. No le falta razón. Falló el relato cristiano que prometía la salvación a través de la redención divina. Falló el relato ilustrado de la emancipación a través de la luz de la razón y de la educación de las masas. Falló el relato liberal-burgués basado en el progreso indefinido de la ciencia y de la técnica. Falló el relato marxista de la abolición de la injusticia a través de la socialización de los medios de producción. Así pues, la postmodernidad no hace más que certificar el fracaso estrepitoso de la utopía de todos los grandes relatos. Adolfo Vásquez Rocca escribe que “el hombre postmoderno no cree ya los metarrelatos, el hombre postmoderno no dirige la totalidad de su vida conforme a un solo relato, porque la existencia humana se ha vuelto tan enormemente compleja que cada región existencial del ser humano tiene que ser justificada por un relato propio, por lo que los pensadores postmodernos llaman microrrelatos”.

  • La Postmodernidad es la era del neocapitalismo. El ideólogo neoliberal, Francis Fukuyama, aprovechó la muerte de los grandes relatos para decretar el fin de la historia como conflictividad, como gran relato de sucesos que enfrentan a unos hombres con otros, a unos grupos sociales con otros. Presentó el sistema de libre mercado y de la democracia liberal como únicas formas posibles de organización de la convivencia humana ante la ausencia de mejores alternativas a la vista. Pensó que sólo el capitalismo iba a ser capaz de cumplir la utopía soñada: un mundo rebosante de bienes materiales para una humanidad cada vez más numerosa y cada vez más proclive a consumir todo cuanto esté a su alcance. A pesar de la actual crisis económica, los hijos de la postmodernidad afirman orgullosamente que nunca antes el mundo había disfrutado de niveles de bienestar tan altos (aunque las desigualdades sociales nunca habían sido tan escandalosas).

  • La posmodernidad es la época de la simulación. Jean Baudrillard diferencia “simular” y “disimular”. Disimular es fingir no tener lo que se tiene. Quien disimula, intenta pasar desaparecido. Pero quien simula, aparenta ser quien no es, poseer lo que no tiene. Busca crear una imagen de algo inexistente. En este contexto de la simulación, parece lógico que desaparezcan las grandes figuras carismáticas y surjan infinidad de pequeños ídolos (los famosos) que duran hasta que surge algo más novedoso y más atractivo.

  • Adolfo Vásquez Rocca afirma que “la postmodernidad es aquel momento en que las dicotomías se difuminan y lo apócrifo se asimila con lo oficial”. El desmoronamiento de las creencias religiosas y la irrelevancia de las ideologías tradicionales en la vida de los ciudadanos occidentales han provocado la construcción de una sociedad del “así y también asá”, del “esto vale y aquello también”, del culto a las ambivalencias. Muchos asumieron que si Dios no existía todo estaba permitido, y tarde se dieron cuenta que habían perdido el norte y que no les quedaba más remedio que someterse al más fuerte que irónicamente suple la ausencia de Dios. Es lo que llamamos la fragmentación de Dios en pequeños dioses que van turnando en las plazas públicas para enseñarnos el camino y de paso, trincar lo económicamente trincable.

Conclusiones simplificadas sobre la postmodernidad

Si nuestra sociedad fuera perfecta, personalmente apreciaría el romanticismo de la corriente postmoderna. Me parecería interesante vivir al día como un gorrión, sin hipotecar mi presente y disfrutando de un “orgasmo breve pero intensamente satisfactorio”. Tal vez por eso las aspiraciones del postmoderno se reducen al “me gustaría”.

1. El postmoderno envidia la vida del gorrión

La vida de un gorrión es la de un ser pegado a una rama cualquiera, en una calle cualquiera, preocupado simplemente por ir tirando con las migajas de pan o las semillas que han caído al suelo, no se sabe cómo ni cuándo. Es una vida cutre, sí, pero real y concreta. El ideal postmoderno se reduce a alcanzar el orgasmo. Más allá del orgasmo no hay más que ataduras: triquiñuelas sociales que nos condenan a la eternidad.

2. El postmoderno quisiera ser eternamente menor de edad

Los analistas del comportamiento humano coinciden: la posmodernidad ha engendrado un mundo de sujetos anónimos, asociales, apáticos, acríticos e indiferentes, que delegan sus responsabilidades sociales y políticas en los expertos -técnicos, políticos profesionales, el FMI, el Banco Mundial, las agencias de calificación, las diputaciones, etc-. El rasgo principal de estos sujetos es la infantilización generalizada: la eterna permanencia en la minoría de edad mental. Nacer en casa paterna, crecer en casa paterna y morir en casa paterna.

3. El postmoderno pertenece a la “generación del depende”

Como no hay matrimonios eternos, ningún compromiso puede ser absoluto. Todo debe ser estrictamente contextual: “Yo, aquí y ahora, digo esto y me comprometo a esto”. La subjetividad es la única guía; la fragmentariedad, el único criterio; la provisionalidad, el método de trabajo. Si la verdad no existe, los hechos tampoco. Todo es verdad, todo es falso: depende del contexto. Todo lo que podemos afirmar no son más que interpretaciones. Todo es lenguaje. No hay criterios únicos de validez; todo depende del momento y del lugar.

4. El postmoderno pertenece a la generación del “no me toques, no te toco, vivamos en paz”

Sueña con la coexistencia pacífica de estilos, entre la tradición y la modernidad, entre lo local y lo global. El posmodernismo es el relajamiento de las ideologías duras, que ya no tienen cabida en nuestro día a día. “Si quieres ir a la guerra, manda a tu puta madre”, escribió alguien en un pupitre universitario durante la segunda guerra del Golfo. (“El primer golfo fue el padre”, me comentó un manifestante del “No a la guerra” en Madrid). El postmoderno es un individuo flotante y tolerante, que pasa la mayor parte de su vida en la confluencia de múltiples identidades. Si eres negro, disfruta de tu color de piel. Si eres blanco, también. No te avergüences ni te enorgullezcas por algo que no elegiste. Y si lo elegiste y te resulta una carga, déjalo en la siguiente estación. Procura disfrutar de lo que ya tienes, aquí y ahora.

Observaciones personales sobre la postmodernidad

De todo lo analizado sobre la posmodernidad, constato lo siguiente:

  • Que las sociedades tradicionales descansaban sobre un centro simbólico único -Dios o las ideologías- que garantizaba su identidad y cohesión, impidiendo su desintegración.

  • Que la expulsión de Dios de las plazas públicas ha provocado el desprecio hacia los grandes relatos.

  • Que las esperanzas de que la razón ocupara el vacío dejado por Dios fueron efímeras.

  • Y que, finalmente, estamos asistiendo a la frustración de muchos que creyeron que la estabilidad económica prometía cielos nuevos y tierras nuevas.

Por tanto, está claro que si no existe ninguna referencia fundante incuestionable, si las ideologías se han vuelto irrelevantes, el dinamismo de una sociedad queda en manos del primero que se acerque a las grietas sociales para romperlas en pedazos.

La filosofía posmoderna, abanderada últimamente por el italiano Gianni Vattimo, defiende “vivir sin justificaciones” en esta “tercera ola” en la que, según sus defensores, solo hay dos opciones: adaptarse o morir. A esta corriente la llaman “pensamiento débil”, y abogan por acomodarse a las circunstancias sin pretender transformarlas. “Pensamiento débil significa que la racionalidad cede terreno y retrocede a la zona de sombra”, remarca Vattimo.

A mi modo de ver, en las últimas décadas algunos pensadores occidentales han estado flirteando con la atractiva idea de vivir y dejar vivir, el carpe diem, el pasar de todo, el sexo sin amor, el whisky sin soda, el hacer el amor y no la guerra, el rechazo de los grandes relatos, el fin de la historia, vivir en el new age sin ninguna referencia a realidades absolutas que sirvan de pilares angulares. Y esta propuesta, con todos mis respetos, me parece peligrosa para las mentes no suficientemente formadas en las trampas dialécticas.

Pretender “vivir sin justificaciones” es una trampa mortal. Pretender crear “claridades imposibles” no aporta nada a la humanidad. A mi juicio, la filosofía posmoderna ofrece morfina a un acatarrado para poder amputarle las piernas. Pretende adormecer las conciencias mientras potencia la esclavitud.

Algunos sostienen que predicar el “pensamiento débil” es propio de ambientes de derecha, que prefieren prometer -al explotado- cielos nuevos y tierras nuevas después de su muerte. Esto sería discutible si aún existieran los grandes ideales. Hoy día, sindicato y patronal almuerzan en la misma mesa y se emborrachan en los mismos bares. Ya no resulta fácil distinguir quién es de derecha y quién de izquierda, porque el mercado ha globalizado incluso los vicios.

Y si eso no fuera suficiente, llega Vattimo y sus acólitos para aconsejarnos el “pensamiento débil”, que no es más que la debilidad del pensamiento. O como escribió Antón Baamonde, un simple “pensamiento trágico”. Claro que es trágico vivir sin dirigirse a ninguna parte. “La filosofía no puede ni debe enseñar a dónde nos dirigimos, sino a vivir en la condición de quien no se dirige a ninguna parte”. Pero siempre hay un espabilado que aprovecha la confusión para enseñarnos el camino que más le conviene (y de paso, trincar todo lo trincable). Como repetía Alfonso López Quintás: “Si el pueblo no tiene conciencia, vamos a darle conciencia”.

Bibliografía sobre la postmodernidad

Uno de los últimos trabajos sobre la postmodernidad que me parece interesante es del profesor Adolfo Vásquez Rocca: “La Postmodernidad. Nuevo régimen de verdad, violencia metafísica y fin de los metarrelatos” en Nómadas. Revista crítica de ciencias sociales y jurídicas, 29 (20011.1).

  • ANDERSON, Perry, Los orígenes de la posmodernidad. Anagrama. Madrid, 2000.

  • JAMESON, Fredric. Teoría de la posmodernidad. Madrid: Trotta, 1996.

  • JAMESON, Fredric : El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, Paidós, 1991.

  • LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío. Barcelona, Anagrama: 1986.

  • LYOTARD, Jean-François. La Condition Postmoderne. Paris: Minuit, 1979

  • LYON, David (1996). Postmodernidad. Madrid: Alianza.

  • LYOTARD, Jean-François (1995). La posmodernidad (explicada a los niños) Barcelona: Gedisa.

  • VATTIMO, Gianni (1994). La sociedad transparente. Barcelona: Paidós.