lunes, 31 de marzo de 2025

El poder del optimismo

El poder del optimismo
La tesis principal de nuestra reflexión es que caminamos en la fragilidad y que cualquier ser humano puede caer en el pozo del desencantamiento vital, independientemente de su edad, de su salud física, de su formación académica o de su fortuna económica. Una mala decisión o un paso mal dado pueden arruinar nuestra salud mental en cuestiones de segundos. Una experiencia mal integrada puede ser detonada por un acontecimiento insignificante y provocar desajustes emocionales incontrolables. Siendo así las cosas, la posibilidad de una frustración existencial es tan real como la vida misma. De ahí la necesidad de la fuerza del optimismo para seguir caminando en la fragilidad.

Conviene estar preparado por si tenemos que afrontar estos desajustes emocionales. No olvidemos que las emociones y las conductas están determinadas por los pensamientos. Y esto quiere decir que los desórdenes mentales son el resultado de unos pensamientos negativos: modificando estos pensamientos negativos, podemos minimizar el coste de las perturbaciones mentales y aprovechar mejor la fuerza del optimismo.

Hábitos que minan la fuerza del optimismo

Desde pequeño vamos acumulando sentimientos negativos y percepciones distorsionadas que nos empujan hacia la pista de la autodestrucción: rabia, envidia, ira, odio, codicia, egoísmo, excusas, prisas, desgaste psicológico, tristeza vital, ganas de venganza, pensamientos insanos y otras emociones psicológicamente venenosas. Pocas veces aprendemos a fomentar actitudes vitales de alegría, generosidad, perdón, claridad de ideas, armonía interior, energías positivas y pensamientos creativos que hacen que el gusto por la vida se vaya reactivando continuamente, incluso en los momentos más conflictivos.

La fuerza del optimismo se encuentra en el presente

Tenemos que aprovechar la fuerza del optimismo viviendo conscientemente en el aquí y en el ahora, en el tiempo y en el espacio que nos corresponde en cada momento. No debemos vivir pensando en el pasado porque cuando el pasado no está lleno de fracasos, siembra añoranzas y vivencias infantiles casi paradisíacas que, su única aportación no puede ser más que dañina.

Cuando revisamos nuestra vida, vemos que escasos recuerdos del pasado son creativos: ¿por qué nos empeñamos, entonces, en montar nuestro campamento vital en el pasado? ¿Por qué permitimos que los errores o los éxitos del pasado condicionen nuestro presente? ¿Por qué no somos capaces de vivir en el ahora y en el aquí si somos conscientes de que el presente es el único tiempo vivencial que podemos manejar y que nos coloca en la pista de la programación de lo posible?

La sabiduría popular nos enseña que el agua que ya ha pasado no puede mover el molino. Sin embargo, la mayoría de la gente no llegamos a soltar lastres del pasado y seguimos cargando amargamente con nuestros fracasos, revisando continuamente las facturas pagadas generosamente en su momento, y lo que es peor, dando explicaciones de lo que hacemos o dejamos de hacer. Nos cuesta asumir que querer quedar bien ante la gente es el camino que lleva a la infelicidad, y tendemos a mirarnos en los demás para saber quiénes somos y qué debemos hacer para tener un lugar en este mundo. Pero es agotador vivir instalado en la autovigilancia permanente, intentando cumplir al milímetro las exigencias que no nos corresponden y que además no nos aportan nada positivo.

Establecer nuestra residencia habitual en el presente

Algunos autores sugieren acertadamente que conviene establecer nuestra residencia habitual en el ahora y realizar breves visitas al pasado cuando tengamos que resolver algunos asuntos prácticos de nuestra vida. Personalmente estoy convencido de que algunas ceremonias anuales para recordar los hechos del pasado, sobre todo si fueron traumáticos, no hacen más que reactivar las energías que son completamente destructoras. Quienes, por ejemplo, al recordar el aniversario de la muerte de un ser querido se encuentra sumido en una tristeza vital profunda y prolongada, deberían poner punto final a esta autoflagelación a través de la celebración de un duelo definitivamente sanativo. Si por lo menos con nuestra agonía mental pudiéramos resucitar a nuestro ser querido, tal vez merecería la pena tanto sacrificio. Pero como eso no es posible, la inutilidad de nuestro sufrimiento queda patente.

Seamos resilientes

Los seres humanos tenemos una enorme capacidad para ajustarnos a las circunstancias y recuperarnos emocionalmente de las derrotas y de los hechos traumáticos, siempre que pongamos un poco de nuestra parte. En cualquier caso, es bueno no olvidar que tenemos la posibilidad de tirar hacia adelante o de atascarnos en nuestro pasado. Si elegimos establecer nuestra residencia habitual en el pasado, hemos de ser conscientes de que la conciencia prolongada de impotencia y desamparo es nociva para el optimismo porque favorece los sentimientos de debilidad y fracaso. El sentimiento de impotencia alimentado por los hechos pasados socava la autoestima, consume la iniciativa y agota la esperanza creativa. Por eso creemos que establecer la residencia habitual en el pasado es condenarse al sufrimiento eterno y puede ser el mayor error que un ser humano pueda cometer en vida.

Los beneficios de la fuerza del optimismo

La fuerza del optimismo favorece la predisposición para la iniciativa y el riesgo; ayuda a resistir ante el sufrimiento físico y a persistir en el empeño para conseguir un triunfo. No cabe duda de que la esperanza de una victoria alimenta el esfuerzo, la seguridad y el coraje ante la amenaza de una derrota. Por lo tanto, el optimismo eleva las posibilidades del éxito. Aunque la prudencia, la cautela y la objetividad no son cualidades incompatibles con el optimismo, incluso cuando el optimismo es claramente ilusorio, puede ayudar a cruzar un campo minado con serenidad. Un náufrago puede considerar su desdicha como una condena y adelantar los acontecimientos. O puede pensar que es un navegante en dificultad que concentra todo su empeño en superar los retos para poder contar sus hazañas a las generaciones venideras.

La fuerza del optimismo nos ayuda a vivir sin rencor en un mundo lleno de resentidos, de gente atrapada en su pasado, de individuos que viven pensando solo en la venganza. El optimismo favorece el entusiasmo después de sufrir alguna calamidad; predispone para restablecer la paz interior y anima a pasar páginas a fin de abrirse de nuevo al mundo por descubrir. La fuerza del optimismo nos permite caminar en la fragilidad.

La programación positiva

Muchos pensadores coinciden en que la programación positiva requiere identificar la meta y los pasos para conseguir el objetivo deseado. Nadie duda que incluso los peores avatares de la vida se hacen más llevaderos cuando contamos con la perspectiva que da conocer sus causas, sus efectos y sus posibles remedios. Siendo consciente de lo que somos y hacia donde queremos llegar, podemos establecer los pilares básicos que serán los puntos de apoyo para nuestra opción fundamental. Si sabemos hacia dónde vamos, podemos repasar nuestro ayer con generosidad y no nos costará reconciliarnos pacíficamente con los conflictos que no pudimos resolver, ni con los errores que no pudimos rectificar, ni con las oportunidades que conscientemente perdimos.

Estamos de acuerdo en que nadie debe llevar a cabo una programación positiva si todavía tiene heridas por sanar. No podemos seguir abriendo puertas si antes no hemos cerrado las que no deberían estar abiertas. No podemos iniciar un nuevo camino si todavía tenemos la vista en el ayer. No podemos avanzar si todavía tenemos fijados nuestros objetivos más inmediatos en el pasado. Los profesionales de la salud mental lo llaman “conflictos no resueltos” y aseguran que es muy difícil caminar en la fragilidad si previamente no hemos ordenado adecuadamente los hechos fundamentales de nuestra historia personal.

Una buena estrategia retroalimenta la fuerza del optimismo

Toda decisión estratégica coordina tres ejes: el tiempo, el espacio y las energías materiales y espirituales que definen cada situación. El espacio es el lugar donde desarrollamos todas las acciones que llevan a dirimir cuál de las voluntades opuestas prevalecerá. Es imprescindible elegir bien el espacio vital. No conviene invertir esfuerzos en campos en los que no tenemos una clara ventaja estratégica. Incluso cuando tengamos esa ventaja, hay que evaluar si realmente merece la pena gastar nuestras energías en ese proyecto y si contamos con el tiempo suficiente para ejecutarlo y rematarlo hábilmente.

Algunas personas viven como si el tiempo no tuviera su precio en el mercado vital. Se olvidan que todo lo que hacemos y somos se encuentra enmarcado en un tiempo determinado.

Para algunos, desde el momento de nuestra concepción empieza la cuenta atrás: en cualquier momento puede parar nuestro reloj vital. Quienes piensan de esta forma tienden a tener sus cuentas equilibradas día a día, y son conscientes de que cada día tiene sus afanes. Procuran tener el equipaje preparado por si acaso hay que emprender un viaje imprevisto.

Para otros, con el alumbramiento se abre un tiempo casi indefinido hacia el futuro. Miden sus proyectos en función al futuro y a su proceso biológico. Suelen decir que tienen todo el tiempo del mundo para realizar sus sueños, y no dudan en aplazar sus decisiones y compromisos. Aunque aparentemente viven lejos de la agitación del tiempo, en su interior no sienten armonía porque no tienen sus cuentas actualizadas. A menudo se ven sorprendidos por un viaje imprevisto y son testigos de la ausencia de serenidad en su camino al tener que hacer todo a última hora.

miércoles, 12 de marzo de 2025

La teoría de la hibernación

Hace un par de años me llamó un amigo que hacía tiempo que no se comunicaba conmigo. Cuando le pregunté por qué no había contestado a los mensajes que le fui dejando en su buzón de voz, me contestó que había estado hibernando. Me quedé pensando sobre la teoría de la hibernación aplicada a nuestra vida cotidiana y me di cuenta que la hibernación es un recurso frecuente en el ámbito sanitario e informático, y no tiene nada qué ver con el aislamiento de quien se encuentra deprimido. La hibernación es una estrategia que se aplica conscientemente para conseguir beneficios al mínimo desgaste.

¿Qué es la hibernación?

La teoría de la hibernación
Los diccionarios suelen definir la hibernación como un estado de aletargamiento con disminución general de las funciones metabólicas y temperaturas a que están sujetos algunos animales durante la estación invernal. La hibernación puede aplicarse también a la reducción de las funciones orgánicas por medio de sustancias químicas. Un paciente hiberna con intervenciones anestésicas o terapéuticas en espera de una cura. La hibernación es un estado de tránsito comparable al coma inducido para que el cerebro gaste la menos energía posible a la espera de que los demás órganos se recuperen sin la presión del corazón agobiado y desesperado que continuamente lanza mensajes de socorro sin respuestas. Es lo mismo que hacen los psiquiatras cuando nos encuentran angustiosos y presionados. Nos recetan fármacos para calmar temporalmente la angustia depresiva mientras recuperamos el equilibrio vital.

En el campo informático, hibernar un ordenador es apagarlo pero guardando en el disco duro la información sobre el estado en que se encuentra nuestro trabajo para poder reanudarlo en el mismo punto cuando estemos disponibles para seguir trabajando. Según el fabricante de los ordenadores, cuando el equipo se pone en hibernación, la información de la memoria se guarda en el disco duro. Cuando vuelve a encenderse el equipo, todos los programas y documentos que estaban abiertos en el momento de la hibernación se restauran en el escritorio. Es decir que durante la hibernación se guarda la información con seguridad en el estado en que se encuentra y no se gasta la energía. Esto no ocurre con la suspensión Suspender el equipo es dejarlo en estado de bajo consumo, permitiendo al usuario reactivarlo con un simple movimiento del ratón o pulsando cualquier tecla. Según el fabricante de los ordenadores, es aconsejable guardar el trabajo antes de poner el equipo en suspensión porque mientras el equipo está suspendido la información no se guarda en el disco duro. Si hubiera alguna interrupción en el suministro eléctrico, la información de la memoria se perdería. Es decir que la suspensión gasta energía y no asegura que los datos estén a salvo durante ese estado. De ahí que en caso de necesidad sea preferible la hibernación: gastar menos energía sin renunciar o poner en peligro los logros adquiridos.

Diferencia entre hibernación y suspensión

Podemos concluir que la diferencia entre hibernación y suspensión está en la cantidad de energía que se gasta. La hibernación no gasta nada. La suspensión gasta lo imprescindible para que no se pierda la información pero no es de fiar. Tanto la hibernación como la suspensión provocan situaciones similares a las que provocan el invernar (pasar el invierno en algún lugar, en especial animales como las golondrinas). Hibernar es un término que se puede confundir con invernadero pero no significa lo mismo: mientras que la hibernación supone ahorro de energía, el invernadero es un lugar preparado artificialmente para cultivar las plantas fuera de su ambiente y clima habituales, provocando graves alteraciones en el ecosistema por su elevado coste energético.

¿Cuándo debemos hibernar?

Cuando uno se encuentra muy agobiado y la angustia persiste, es mejor hibernar durante un tiempo. Hibernando, no gastará energía y no hará daño ni a sí mismo ni a los demás. Es una estrategia parecida a la supervivencia de las tortugas durante el invierno europeo: en lugar de poner sus vidas en peligro luchando desesperadamente contra las adversidades invernales, las tortugas se retiran bajo tierra a un lugar seguro a la espera del buen tiempo. Habrá quienes las llamen cobardes y prefieran tal vez la metamorfosis de las serpientes. Pero la metamorfosis no es supervivencia; es tal vez cambiar de imagen, convertirse en algo o en alguien diferente, y para quienes tengan el registro memorial muy activo no es rentable ni aconsejable intentar convertirse en otro en tan poco tiempo y con tan pocos recursos.

Ventajas de la hibernación

En términos humanos, hibernar es un estado vital que puede ser útil para reorganizar o reajustar nuestros estados existenciales sin gastar mucha energía. Cuando el estrés se hace insoportable, cuando el desgaste psicológico es más que evidente, hay que hibernar durante un tiempo mientras se reajustan todos nuestros recursos de supervivencia. Hay que saber retirarse un tiempo mientras pasa la tempestad. Si no te sientes preparado para enfrentarte a una situación problemática, tómate un descanso. No te dediques a gastar tus energías inútilmente. No libres una batalla si de antemano sabes que no la vas a ganar. Si puedes ahorrar energía, hazlo. Es más que seguro que necesites tirar de ese ahorro más de una vez. Ahorrar energía no es más que equilibrar tus fuerzas vitales, evitar proyectos estériles y situaciones que no aportan nada a tu riqueza interior. Se ahorra energía evitando dar vueltas a la misma situación, procurando no implicarse demasiado en elucubraciones que no se fundan en la realidad.

Te aconsejo hibernar cuando te veas al borde del colapso vital

Si entras en un edificio de varios pisos y no sabes a qué piso te diriges, lo más normal es que empieces preguntando a los que viven en los pisos inferiores. Seguro que habrá quienes prefieran empezar por arriba porque creen que es mejor gastar más energía al principio de cada tarea. Pero sabemos que los corredores de fondo gastan menos energía al comienzo de la carrera. Al principio suelen ser los últimos de la fila. No se ponen nerviosos porque conocen sus fuerzas. Y a medida que avanza la carrera se van adelantando a sus compañeros con el asombro de los espectadores. Su secreto está en la confianza en sí mismos. Saben cuándo hay que gastar más energía, cuándo hay que descansar y cuándo hay que mantener el ritmo. Traslademos, pues, ese espíritu a nuestras preocupaciones habituales. Evitemos el desgaste psicológico sin necesidad. Identifiquemos la fuente de nuestro agobio para poder aislarla mientras buscamos tranquilamente cómo combatirla. Procuremos permanecer en el estrés el menor tiempo posible. Midamos nuestras fuerzas reales para poder repartirlas con equilibrio. Hibernemos cuando nos veamos al borde del colapso vital.

Conclusiones

Hay que saber retirarse un tiempo mientras pasa la tempestad. Si no te sientes preparado para enfrentarte a una situación problemática, tómate un descanso. No te dediques a gastar tus energías inútilmente. No libres una batalla si de antemano sabes que no la vas a ganar. Si puedes ahorrar energía, hazlo. Recuerda cuál es el secreto de la vida y no te olvides que caminamos en la fragilidad.

viernes, 28 de febrero de 2025

La teoría de la periferia

En esta entrada, quisiera compartir contigo mi teoría de la periferia. Mi convicción es que el centro es el lugar ideal para tomar decisiones fundamentales, pero no es un ámbito habitual para el crecimiento humano. Se ha idealizado el centro como si fuera un lugar idílico, donde el bien y el mal se dan la mano, donde se refugia la buena gente, donde se comparte gran parte de los ideales. Visto de esta forma, el centro sería lo contrario al radicalismo. En el centro reinaría la tolerancia, la reconciliación y el proyecto común. Pero esto no es verdad: el centro es simplemente un lugar estratégico para alcanzar ciertos objetivos, pero no es un lugar ideal para plantar tiendas residenciales.

El centro político es solo estratégico

el centro político
En los países democráticos, las ideologías de los partidos políticos suelen dividirse en izquierda y derecha. A menudo, algunos se colocan en los extremos de ambas ideologías. Ocasionalmente, otros buscan el centro para relanzar sus proyectos cuando no logran convencer a muchos conciudadanos. Los estrategas saben que cuando se lanza un argumentario desde posiciones centrales se aseguran votos de ambos lados. Pero el político que lleva a cabo esta estrategia es consciente de que está manipulando la conciencia de la buena gente para llevarla a su terreno habitual. Sabe que si se queda mucho tiempo con ese disfraz oportunista será descubierto y repudiado por ambos lados porque el centro no tiene identidad. Y la gente necesita identificarse con alguna opción política que no ofrezca confusión. Se puede decir, pues, que el centro político es un lugar estratégico para ofrecer puntualmente un mensaje “light” que aunque no convenza, no disgusta. Es lo mismo que acudir a la fuente de lo políticamente correcto: se trata de alejarse de la polémica sin renunciar a sus fuentes ideológicas.

El centro bélico no es productivo

A nivel militar, pocas victorias se han logrado desde el centro. Si tomamos, por ejemplo, el centro como el gobierno de turno, quien quiera derrocarlo se colocará al margen de su poder para minarlo desde la periferia. Si los disidentes deciden organizar una guerrilla o un ataque armado, lo hacen desde la frontera para ir ganando terreno poco a poco hasta llegar al centro para imponer definitivamente su ideario. En la memoria de todos están las recientes guerras y sus organizaciones desde la periferia y las alianzas previas a las invasiones de los pueblos supuestamente hostiles a la paz mundial. Recordemos que a Sadam Hussein no le fue posible defender Bagdad, a pesar de los diferentes anillos defensivos que había organizado. En cambio, los talibanes fueron invencibles desde sus refugios en las montañas de Afganistán. Según el parte de guerra, más de una vez han ganado terreno a los aliados. La defensa del centro siempre acaba mal. La resistencia puede durar un tiempo, pero no eternamente. Los republicanos españoles defendieron ferozmente la ciudad de Madrid durante mucho tiempo, pero no la conservaron.

A nivel militar, ningún comandante aconsejaría lanzar un ataque desde el centro, y mucho menos garantizaría una victoria basándose en la defensa del centro. Está claro, pues, que la defensa del centro es estéril: provoca muchas bajas y no promete victoria. En cambio, guerrilleros han vivido o siguen viviendo en la periferia con el asombro de todos. Por tanto, el centro político es simplemente estratégico; el centro bélico no es productivo.

El mensaje de las religiones no es céntrico

A nivel espiritual, contrariamente a lo que podría creer mucha gente, el mensaje de las religiones no es céntrico. Los profetas acostumbran apartarse de la enseñanza oficial que suele estar en el centro; se colocan en la liminalidad y desde allí muestran la coherencia existencial del mensaje que anuncian al mundo. Jesús se apartó del templo y desde Galilea inició su marcha hacia el centro, Jerusalén. Las pocas veces que visitó el templo fue para reafirmar sus creencias: el templo se había convertido en un lugar de comercio y de conspiraciones políticas contra los romanos. Por eso se fue al desierto para ir conquistando todas las aldeas antes de llegar a Jerusalén. Sus discípulos hicieron lo mismo con la evangelización. Su mensaje nunca fue confuso ni confundido. La corrupción del cristianismo empezó cuando el trono y el altar se unieron en la civitas con la paz Constantina. Entonces el mensaje cristiano fue pervertido y diluido en las visiones terrenales. Fue cuando los monjes, como siglos antes habían hecho los de la comunidad de Qumrán, se retiraron al desierto para vivir mejor su fe. Muchos de ellos son considerados como modelos para una vida cristiana. Podemos decir, pues, que Jesús no construyó su enseñanza en torno al templo. Cada vez que sus seguidores intentaron conquistar y quedarse en el centro acabaron confundidos con los demás, sin un mensaje propio a transmitir.

El centro no es un lugar ideal para crecer

Al nivel existencial, partiendo del hecho de que el ser humano es un ser en situación, entendemos que cuando se encuentra en el centro se recibe muchos golpes y muchas veces resulta necesario colocarse en la periferia, siquiera para evitar ser la diana de los demás. Por experiencia sabemos que en un grupo de personas que pasan mucho tiempo juntas suele haber alguien en el centro para llevar la voz cantante. Durante un tiempo se convierte en una base de datos donde todo el mundo acude para reafirmarse. Si algo no va bien, ahí está ella para arreglarlo o para tranquilizar a los más nerviosos. A menudo goza de un reconocimiento sincero y agradecido de sus compañeros. Y como no quiere decepcionarlos, invierte todas sus energías para seguir ocupando su centro. Pero por muy válida que sea y por muy líder que se considere, tendrá momentos de debilidad en que necesite descansar un rato. Vive de cara al público hasta que una mañana se levanta agotada y empieza su hundimiento. Esta persona no supo que el centro no es un lugar ideal para crecer humanamente. El centro es un paso para visualizar la globalidad, pero a la hora de la verdad se vive mejor en la periferia. En el centro se gasta mucha energía para canalizar todas las fuerzas que circulan alrededor, y solo se saca provecho si se es consciente de su función puramente estratégica.

Si ves que empiezas a ser el centro de las alabanzas de tus vecinos o compañeros, piensa que no tardarás en estar en boga de todo el mundo. Puede que al principio te sientas cómodo de llevar la voz cantante, pero no olvides que eres la diana de todo el mundo porque tu visibilidad es tu mayor enemigo. Al igual que tus capacidades están al descubierto, tus defectos son más visibles. Una sola mancha es suficiente para que una camisa se vaya al cubo de la ropa sucia. Para el común de los mortales un solo defecto suele ocultar todo un campo lleno de bondades.

Mi consejo final

A mi modo de ver, y como forma de síntesis, de vez en cuando hay que acercarse al centro para tener una visión panorámica de la realidad, obtener informaciones suficientes para no automarginarse, dejarse ver para que tus compañeros sepan que aunque no destacas mucho, sigues presente. Cuando te acerques conscientemente al centro podrás ver quiénes tienden a seguirte y quiénes te tenían las ganas para lanzarte sus flechas. Una vez que hayas visualizado el conjunto de la realidad de tu entorno, retírate a tu periferia para seguir viviendo causando ruido solo cuando sea necesario. Y de vez en cuando, hiberne para ahorrar energías.

miércoles, 26 de febrero de 2025

Los discípulos de Emaús

En esta entrada vamos a discernir sobre cómo podemos acompañar a una persona que acaba de perder la fe en alguien. Echando mano a mi formación teológica, quisiera partir de la historia de los discípulos de Emaús para analizar cinco verbos que deberíamos tener en cuenta en nuestra cotidianidad: caminar, contar, concretar, comer y compartir.

Resumen de la historia

Los discípulos de Emaús
En el Evangelio de San Lucas (
Lc 24, 13-35) encontramos una historia de dos discípulos que se marchan de Jerusalén a Emaús, tristes y decepcionados por lo que habían vivido durante la pasión y la muerte de Jesús en la ciudad santa. Meses antes habían dejado todo para seguirle pensando que él atraería la salvación al pueblo de Israel. Esperaban ansiosamente su resurrección, pero ya iban tres días y sólo podían confirmar que su cuerpo había desaparecido. Creyendo que todo se había acabado, decidieron volver a sus hogares para olvidarse del mayor fiasco de su vida. En el camino de vuelta a su casa, misteriosamente se les unió un forastero que iba conversando con ellos acerca de lo que los profetas escribieron sobre ese Mesías crucificado. Cuando llegaron a su destino, los dos discípulos le rogaron hospedarse en su casa porque ya era de noche. El forastero se quedó con ellos y en el momento de la cena les reveló su identidad y desapareció ante su asombro. Aunque ya era de noche, los dos discípulos se levantaron de la mesa y volvieron a Jerusalén para anunciar lo que acababan de experimentar.
La historia de los discípulos de Emaús es una historia pedagógica que intenta responder a la pregunta de cómo acompañar a una persona que acaba de perder la fe en alguien. Los discípulos de Emaús, después de asistir a la muerte de Jesús su Salvador y no ser testigos de su triunfante resurrección se marchan de Jerusalén. Se sienten estafados, decepcionados, frustrados y quemados. Por eso aparece Jesús para consolarlos, animarlos y enviarlos a la misión. Veamos el procedimiento pedagógico que San Lucas utiliza para enseñarnos cómo aconsejar y acompañar a alguien que acaba de perder el gusto por la vida.

Cómo acompañar a alguien que acaba de perder el gusto por la vida

1.-Caminar

Los discípulos iban caminando y Jesús se puso a caminar con ellos (Lc 24,13-16). Está claro que no hay posibilidad de superar un estadio sin ponerse a andar. Si no te pones a caminar nadie se une a tu camino porque las batallas perdidas no son atractivas para nadie. Cuando uno se pone a caminar, tarde o temprano encuentra el camino. O al menos se cruza con alguien que amablemente le ayuda a encontrar el camino. Lo que nadie puede pretender es encontrar el camino sin moverse de sitio. Por lo tanto, es necesario ponernos en camino para que tengamos posibilidad de hallar respuestas a preguntas que nos impiden ver el horizonte con claridad. Los místicos hablarían de la necesidad de tener una experiencia del éxodo como la tuvo el pueblo de Israel en Egipto. Ciertamente, sin una experiencia de éxodo no hay experiencia de liberación; sin la muerte no hay resurrección; sin sacrificio no hay éxito. Si queremos salir de nuestra situación de crisis tenemos que aceptar que el sacrificio forma parte del camino del éxito, y sobre todo tenemos que ser conscientes de que la rendición es el certificado de la caducidad.

2.-Contar

Jesús pregunta por la conversación de los discípulos entristecidos. Y les deja hablar y desahogarse porque es el mismo necesitado quien tiene que ir poniendo nombre a sus frustraciones (Lc 24,17-24). Como nadie es capaz de adivinar lo que nos está pasando, si no lo contamos nunca lo sabrá ni tendrá la posibilidad de ayudarnos a ordenar nuestras experiencias. Quien necesita ser aconsejado debe contar lo que le está pasando. Lo importante no es la coherencia de sus relatos sino su sinceridad porque no podemos pretender que una persona emocionalmente agitada nos haga un relato impecable. Se trata, más bien, de contar la realidad de sus experiencias sin maquillarla. La tendencia habitual suele ser intentar esconder algunas vivencias que creemos no van a gustar a nuestro interlocutor, pero casi siempre el centro de la gravedad suele estar en lo que tendemos a obviar. Cuando relatamos nuestras vivencias nos damos cuenta que nuestra vida no está hecha sólo de fracasos, por mucho que nos empeñemos en centrarnos en nuestros males. Conocer nuestra historia es descubrir sus riquezas y pobrezas; es poner de relieve las principales carencias que tenemos y tantear qué tipo de soluciones necesitamos. Contar nuestras vivencias nos ayuda a descubrir lo que podemos ofrecer a los demás y lo que esperamos de ellos. Desahogarse es un paso muy importante que nos ayuda a relajarnos y así poder revisar nuestras historias con una cierta claridad. Por eso quien quiera acompañar a alguien tendrá que escuchar previamente sus fracasos y esperanzas. Sin este paso previo, lo más seguro es que construya su propio castillo en un terreno que no es suyo, condenándose al trabajo inútil y sin esperanza. Hay que dejar a los demás que hablen de sus cosas, de sus fracasos y esperanzas y a partir de sus reservas vitales (o fortalezas) trazar un camino de posibles.

3.-Concretar

Vivimos en un mundo aprisado en el que es muy difícil relatar con calma nuestras vivencias. Incluso cuando logramos que alguien nos escuche, aparecen muchas circunstancias que provocan ruido a nuestro alrededor. En esta historia de Emaús, el camino y el atardecer favorecen la escucha activa. Una vez que los discípulos han terminado de contar sus vivencias interviene Jesús para simplificar los hechos para una mejor comprensión. Llamándoles “insensatos” (Lc 25, 25-27) deja muy claro que él sabe de lo que habla. De hecho lo demuestra cuando ofrece las claves para entender lo que ha pasado. Les explica lo que dice la Sagrada Escritura y lo que predijeron los profetas. La confusión de los discípulos es tal que a pesar de las claras explicaciones de Jesús ellos no entienden nada. Pero ya no hay tiempo para que él siga centrando sus experiencias porque están llegando a su destino. A veces cuando el mensaje no llega con claridad, hay que tomar un descanso para volver a reflexionar sobre todo el procedimiento. Por eso Jesús no insiste. No quiere ser un pesado. De hecho se dispone a despedirse de ellos cuando le invitan a hospedarse en su casa porque la noche está cayendo sobre la ciudad.

4.-Comer

Hay que invitar a nuestro acompañante para que se deje sentir uno de entre nosotros (Lc 24,28-32), forme parte de nuestro destino y celebre con nosotros nuestros éxitos y fracasos. Si no le invitamos, seguirá adelante y perderemos nuestra oportunidad. A veces cuando uno se siente deprimido o desorientado tiende a autoaislarse, se adentra en un callejón sin salidas y vive de la autocompasión en su castillo blindado. No se da cuenta que si sigue cerrando sus puertas, tarde o temprano la gente se cansará de esperar a que les abra y se irá con la música a otras partes. Esta reacción es lógica porque no es el acompañante quien necesita ser acompañado y no tiene porqué perder sus energías en una persona que no pone de su parte. Algunas personas creen que el mundo está en deuda con ellas y esperan todo de todos a cambio de nada. Olvidan que el camino del egoísmo, igual que el camino de la mentira, está condenado al fracaso. Alguien dijo que para todas las generaciones confundidas, el primer criterio es el propio bienestar. Pero si realmente queremos que el bien revierta en nuestro propio destino tenemos que ser generosos con los demás y tener la invitación siempre preparada, incluso para los forasteros. Aunque parezca mentira, la generosidad genera generosidad. Cuando los discípulos de Emaús comparten el pan con Jesús se les abren los ojos y le reconocen. Desaparecen el miedo, la tristeza y las frustraciones. Cuando experimentamos un encuentro creativo se nos abre un abanico de los imposibles y empezamos a consentir los sueños que antaño ahuyentábamos con nuestro pesimismo.

5.-Compartir

Curados por la fuerza de Jesús, los discípulos se encuentran en condiciones de volver a Jerusalén y contar lo que les ha sucedido (Lc 24,33-35). Es el comienzo de la misión resiliente: anunciar la buena noticia. Se les ve ansiosos de llegar a Jerusalén para proclamar que Jesús está vivo. Curiosamente, cuando llega a la ciudad santa, descubren que sus compañeros han tenido también la visita de Jesús. Tanto los que habían abandonado la comunidad como aquellos que se quedaron comparten juntos la buena noticia. No hay rencor entre ellos. Los antiguos «desertores» son reintegrados otras vez porque han descubierto el motor de sus vidas y se dan cuenta que la crisis crea oportunidad de superación. Ciertamente, el camino de la humanidad es una cadena de solidaridad. Cuando se levantan los caídos reciben la misión de cuidar a los demás. Por eso decimos que el egoísmo resta fuerza al proyecto común y no es nada creativo. Es de bien nacido ser agradecido. Cuando el enfermo recupera fuerzas no se marcha a atender sus asuntos: se dispone para cuidar a quienes están peor que él. El soldado que se recupera de las heridas no se va a emborrachar: limpia su arma y se une a los compañeros en el campo de batalla. Muchas veces se nos olvida que nos debemos a los demás desde que nacemos hasta que morimos. Si rompemos esta cadena de solidaridad nos estaremos condenando al camino solitario y estaremos condenando a nuestros compañeros al fracaso. La alegría o el éxito que no se celebra en comunidad es una desgracia. Por eso los discípulos de Emaús vuelven a Jerusalén para compartir su alegría. Saben que el optimismo infunde optimismo, y que los demás necesitan a veces oír que los sueños se cumplen para poder seguir soñando.

Lectura del texto bíblico

Lc 24.1-35

1.El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. 2.Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, 3.y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4.No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. 5.Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? 6.No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo: 7.»Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite. «» 8.Y ellas recordaron sus palabras. 9.Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. 10.Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas. 11.Pero todas estas palabras les parecían como desatinos y no les creían. 12.Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero sólo vio las vendas y volvió a su casa, asombrado por lo sucedido.

13.Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, 14.y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15.Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16.pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.

17.El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. 18.Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» 19.El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20.cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21.Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22.El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23.y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. 24.Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»

25.El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! 26.¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» 27.Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.

28.Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29.Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos. 30.Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31.Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.

32.Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» 33.Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, 34.que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» 35.Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.